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¿Lees literatura al tuntún?

Hasta qué punto las reseñas literarias que leo me incitan a leer los libros de los que hablan.

Mi caso. El caso de Blumm.

Me he propuesto, como experimento, leer todos los días durante treinta días dos reseñas literarias. Entre otras razones porque quiero depurar mi marrullero estilo para la reseña: ¡no sé escribir reseñas! y quiero ganarme la vida escribiendo reseñas para las miles de revistas que pueblan el panorama literario español -de nivel-. Lo conseguiré. Y las cobraré a 90 € y me moriré de asco.

Bien, acudiré a dos fuentes: los números atrasados de la Revista Quimera -ya no soy suscriptor- y los números atrasados de la Revista de libros -de la que sí soy suscriptor-. Tengo revistas que he de desechar. Recortaré las reseñas que lea y las guardaré en una carpeta azul que reza: “Reseñas leídas: orden alfabético por autor de la novela” (No adjunto foto). El siglo XXI no es siglo propicio para que acumules, me decían el otro día en la calle dos constructores de pisos, apostados en una barandilla.

Llevo cuatro días con el experimento y ascienden a ocho las reseñas leídas. La muestra no es significativa, dirían los biólogos. De algunas he tomado notas en Evernote que, si eres escritor y lector que subraya, anota y escribe impresiones, es una magnífica herramienta. La recomiendo.

Estas son las reseñas:

“Auto-dicea. De cómo llegar a ser el que se es”. Reseña de Ernesto Castro a Visión desde el fondo del mar, de Rafael Argullol. Acantilado, 2010.
“Sócraticamente ávidos”. Reseña de Marta Sanz a Cuentos completos, de Marguerite Yourcenar. Alfaguara, 2010.
“Ni diga Behemoth, diga belleza”. Reseña de David Martín a Leviatán o la ballena, de Philip Hoare. Ático de los libros, 2010.
“La vida, y nada menos”. Reseña de Ricardo Bada a Landen, de Laia Fábregas. Alfaguara.
“Niños, no leáis a Gutiérrez”. Reseña de Matías Néspolo a Nada es crucial, de Pablo Gutiérrez. Lengua de Trapo, 2010.
“¿Híbrido o mestizo?” Reseña de Ricardo Martínez Llorca a El barco, de Nam Le. Mondadori, 2010.
“El alma americana”. Reseña de Ricardo Menéndez Salmón a País de sombras, de Peter Matthiessen. Seix Barral, 2010.
“Porque Dios lo quiso”. Reseña de Óscar Carreño a Diario del año de la peste, de Daniel Defoe. Impedimenta, 2010.

De los ocho libros, dos ya los leí antes de toparme con su reseña. Dichas reseñas no llegan. Lo siento, chicos. Si hubiese tenido que decidir leer o no leer Nada es crucial y Leviatán o la ballena por las reseñas, no los hubiese elegido.

Restan seis. De esas seis he decidido apuntar en la lista de lecturas pendientes los títulos de Yourcenar (Cuentos completos), de Fábregas (Landen) y de Defoe (Diario del año de la peste).

¿Razones?

Elijo a Yourcenar por cómo Marta Sanz incide en que es un libro que rezuma sabiduría literaria, amor por la palabra y voluntad de estilo. Esas son las razones para apuntar a Yourcenar en la lista.

Elijo a Defoe porque este título en concreto, y me fio de lo que escribe Carreño, es uno de los libros que más influencia ejerció sobre la obra de García Márquez y La peste, de Camus. La reseña también me ha revelado que Defoe despliega en él todas sus capacidades periodísticas como gacetillero. Y me fío muchísimo de los escritores que se rodaron antes como gacetilleros. Alguien debería hacer una tesis sobre esto.

Y elijo Landen, de Laia Fábregas, por una tontería técnica; la mención que hace en el artículo el crítico Ricardo Bada a los narradores: “No era para menos, porque resulta que uno de sus dos narradores en primera persona (…)”. Y ahora que estoy en fase de análisis de quién narra las historias, me interesaba mucho.

Quiero volver sobre este tema, sobre la influencia de las reseñas en un lector como yo y por qué elijo unos títulos y desecho otros. Cuando finalice el experimento, cuando haya leído las sesenta reseñas y me haya quedado con equis títulos en la libreta donde apunto qué quiero leer antes de morir, escribiré y lo expondré en un post.

Ahora, solo es un comenzar el experimento: 25 % de las reseñas que leo son de libros leídos; el 37 % de las reseñas me incitan a descartar títulos y otro 37% de ellas me animan a apuntar los títulos para futuras lecturas. La muestra es pequeña pero había que partir de algo.

Tú, ¿qué haces? ¿Sigues leyendo al tuntún y a cipote perdío o coges referencias en las esquinas?